01 diciembre 2008

Señor, he comenzado por mi casa

Dios, que me conoce y quiere tanto, me ha escogido un trabajo que me permite desocuparme durante todo el mes de diciembre. Me da la oportunidad de hacer todo lo que me gusta, para dedicarme en este tiempo, caminando por ratos, trotando en otros.

El viernes pasado desde muy temprano comencé con emperifollar la casa. Es una dura faena, reemplazar absolutamente todos los adornos por los navideños, sacar cajas de la parte alta del closet, armar el árbol de mil luces, engalanar rincones desolados, comprar alguna nueva decoración y dulces para convidar a toda visita que caiga por aquí.

El sábado amanecí encorvado. La columna vertebral me dolía. Mis músculos reclamaban un respiro. Pero al final, al atardecer, cuando vi todo en su sitio, me senté en silencio en el sofá y una felicidad muy especial me invadió. Mis ojos hubiesen querido llorar pero se llenaron de placer. Mi espíritu empezó a desperezarse.

Ya lo saben bien, soy criatura invariablemente mortal e insatisfecha buscando pequeñas felicidades a mi paso. Este tiempo de preparativos me hace tomar contacto con mil añoranzas, mil regodeos inocentes. Despierta mis ganas de juguetear. De comer golosinas. Necesito luces, brillitos, chocolates y treguas.

Ansío renacer en medio del mundo que me toca residir, pero apartándome un poquito de él. Voy a retoñar con paciencia. Traspondré el mes de diciembre desguarnecido pero contento. Caminaré pasito a pasito, como me imagino a la Virgen María con su vientre abultado preparando el bendito y difícil encargo de dar vida al Salvador.

Ven Señor Jesús, mi humilde hogar te espera. Mi corazón pobre y endeble ha empezado a hacerte un espacio.
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29 noviembre 2008

Vicho en Adviento 2008


¿Por qué escribo en Adviento? Simplemente porque como hombre, libre y conscientemente necesito hacer un alto . Es una oportunidad para detenerme y orientarme en el mundo con todo el resto del mundo cristiano, consultar la brújula, dirigir una nueva mirada a mis circunstancias para que así, dentro de 4 semanas pueda sentir que Alguien nace de verdad.

Claro que a muchos no les importa. No tienen la necesidad de hacer una auditoría espiritual a sus vidas. Los respeto. Pero compruebo que son ellos precisamente los que se quejan que llegan a la Navidad con extrañas sensaciones de vacío, con un aire frío a sus espaldas y sin encontrar sentido a tanta pomposidad y despliegue de materialismo.

No me convierto en angel celeste. No es un disfraz dorado pasajero. Sigo siendo la misma criatura vulnerable y débil. Sin embargo, considero que quizás es una actitud egoísta la mía, pero honesta, porque lo único que quiero es aprovechar todas las señales y regalos gratuitos que me hacen mejor hombre. Me producen mucho bienestar. Me hacen feliz.

Este temporada de Gracia no puede tener otro origen que el mismo Dios quien quiere hacerse presente y concreto en mi vida. Quiere nacer de verdad y bendecirme.

Ojalá me acompañen estas cuatro semanas.